La producción global de plástico ha aumentado enormemente desde 1950 hasta 2018, con un consiguiente incremento de los residuos plásticos, de los cuales menos del 30% se recicla. En Europa, el principal método de eliminación es la valorización energética, seguida del reciclaje, mientras que el 25% de los residuos plásticos acaba en vertederos. Además, más de la mitad del plástico recogido para reciclaje se exporta por falta de infraestructuras y recursos adecuados.
Italia, y en particular la Toscana, es una excelencia europea en el reciclaje del plástico, gracias a entidades como REVET. El Green Deal europeo tiene como objetivo hacer que todos los envases de plástico sean reciclables para 2030, prohibiendo los productos de un solo uso para alimentos y bebidas, con el fin de reducir los residuos entre un 19% y un 46%.
Existen diferentes métodos de separación del plástico: hidrociclón, separación triboeléctrica y diferencia de densidad, con ventajas y limitaciones en términos de eficiencia y costes. Entre las soluciones más avanzadas se encuentran las centrífugas decanter, capaces de separar materiales en función de la densidad, ya utilizadas en diversos sectores industriales.
El proyecto RINASCITA prevé el desarrollo de dos nuevas centrífugas para el reciclaje de plástico: una vertical (CDV) para pruebas y optimización y una horizontal (CDO) de flujo continuo, más avanzada y científicamente relevante. La investigación contempla el uso de simulaciones computacionales (CFD) para optimizar el proceso, reduciendo los tiempos de experimentación y mejorando la eficiencia industrial del reciclaje del plástico.





